HISTORIA #9 - Ardiendo hasta marchitarse: El calor extremo amenaza un vivero local

Teresa Esquenazi, empleada de larga trayectoria en Jungle Jack Nursery, una joya escondida ubicada en la zona rural del condado de Zapata, cerca de Ramireño, Texas, justo a la salida de la autopista 83, ha experimentado de primera mano las dificultades que el aumento del calor provoca en las plantas. Este vivero se encuentra en un área plana y semiárida, con veranos largos y cálidos e inviernos suaves, un paisaje típico del sur de Texas. Los desafíos para mantener el vivero ahora dependen de su capacidad de adaptación; lo que para un negocio significa un aumento en los gastos, como dispositivos de sombra y mayor consumo de agua. “A medida que el clima se fue calentando, comenzamos a construir techos porque todo se estaba quemando… El negocio tuvo que crear áreas de almacenamiento… Los guantes se derretían… El pizarrón que usamos para llevar el control de las plantas en maceta se reemplaza constantemente… Hasta mi celular se sobrecalienta; todo se arruina… ¡incluso estando en la sombra!”, describe.

Las plantas que antes florecían ahora se tornan naranjas o amarillas bajo el sol abrasador. El cambio de color es reflejo de su deterioro, ya que las condiciones térmicas interrumpen la fotosíntesis —el proceso mediante el cual las plantas convierten la luz solar en energía. Es un proceso esencial, ya que sin él, las plantas no podrían aprovechar la energía del sol. Cuando están expuestas a estrés térmico, generalmente entre 10-15°C por encima de su rango óptimo, los orgánulos celulares se dañan. La aparición de hojas marrones o amarillas es consecuencia del estrés oxidativo, que interrumpe aún más los procesos normales de fotosíntesis, llevando al marchitamiento y muerte del tejido vegetal bajo el calor opresivo (Wang et al., 2018). “Nadie quiere comprar una planta que no sea verde. Ese es el daño que provoca el calor excesivo”, mencionó.

Para proteger las plantas del sol abrasador, se requiere una inversión significativa de tiempo, esfuerzo y materiales, lo que representa una carga para el negocio y para trabajadoras como Teresa, quienes deben tomar medidas más estrictas para resguardar las plantas. Teresa recuerda que el año pasado las temperaturas alcanzaron los 111°F (44°C): “El año pasado estuvo más caliente, y esperamos que el verano comience más temprano”, señala. Una de las medidas necesarias fue aumentar la cantidad de agua utilizada debido a la mayor evaporación. Las altas temperaturas causan una pérdida de agua más significativa en las plantas, tanto por evaporación del suelo como por transpiración.

El calor y la sequía, juntos, provocan mayor estrés y pérdida de agua, lo que afecta negativamente el desarrollo de las plantas y la calidad de los cultivos (Cui et al., 2022). Pero incluso con un suministro constante de agua, el suelo se seca demasiado rápido, dificultando que las raíces absorban suficiente humedad.

Una planta destacada en Jungle Jack Nursery es la Plumeria rubra, conocida localmente como “la Planta del Karma”. Esta especie caducifolia, famosa por su aroma dulce y floral y su vibrante paleta de colores que incluye rosas, rojos y blancos, representa la resiliencia. El marchitamiento de esta planta sirve como un recordatorio impactante de la dura realidad del cambio climático. Lo que antes era su fortaleza —su capacidad de adaptarse al calor— ahora es precisamente la razón por la que no puede sobrevivir.

No solo se marchitan las plantas, también lo hacen los jardineros. “No rindes igual; llegas muy cansado del trabajo. Aunque estés hidratado, el sol te agobia.” La exposición prolongada al calor extremo puede causar daños graves a la salud física, especialmente durante las olas de calor. Largos periodos de altas temperaturas pueden provocar golpes de calor, agotamiento e incluso agravar enfermedades crónicas como problemas cardíacos, diabetes y trastornos respiratorios. La presión sobre los órganos, especialmente el corazón y los riñones, por la falla de los mecanismos termorreguladores, puede resultar en ataques y muertes por enfermedades. Datos alarmantes indican que entre 2000 y 2019 hubo alrededor de 500,000 muertes relacionadas con el calor en el mundo (Organización Mundial de la Salud, 2021). En consecuencia, si las temperaturas siguen aumentando, reducir las horas de trabajo será inevitable.

Para Teresa, las plantas son como hijos, lo que genera un vínculo profundo con ellas: “Es muy agradable ver la evolución de una planta que sembraste desde semilla, y luego crece. Esa evolución hace que la empieces a querer, y hasta le hablas”, comparte. Sin embargo, es devastador ver morir a las plantas por el calor excesivo después de tanto cuidado y dedicación, un sentimiento con el que muchos agricultores y jardineros se pueden identificar.

Reflexionando sobre el futuro, a Teresa le preocupa lo que ocurrirá si el calor sigue aumentando. “Cuanto más caliente esté el clima, más tenemos que invertir. El día que no podamos costear todo eso, el negocio va a quebrar”, advierte.

Su historia enfatiza los verdaderos impactos económicos y sociales del cambio climático sobre los negocios y la población local. En Texas, la pérdida de productividad por calor extremo podría alcanzar los $110 mil millones por año para 2050 si no se aplican medidas de adaptación explícitas, lo que equivale al 2.5% del valor económico posterior al estrés térmico (Atlantic Council, 2021).

Esto es especialmente preocupante para las regiones donde el trabajo agrícola al aire libre es prolongado, ya que la exposición al calor disminuye el rendimiento de los cultivos y, al mismo tiempo, limita las horas de trabajo, lo cual incrementa el costo económico.

References

Council, A. (2021). Extreme heat: The economic and social consequences for the United States.

Cui, Y., Ouyang, S., Zhao, Y., Tie, L., Shao, C., & Duan, H. (2022). Plant responses to high temperature and drought: A bibliometrics analysis. Frontiers in Plant Science, 13, 1052660.

Wang, Q. L., Chen, J. H., He, N. Y., & Guo, F. Q. (2018). Metabolic reprogramming in chloroplasts under heat stress in plants. International journal of molecular sciences, 19(3), 849.

World Health Organization. (2021, October 21). Climate change, heat, and health. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/climate-change-heat-and- health

HISTORIA #8 - Trabajadores de supermercado: el precio de trabajar al aire libre en Laredo

Miguel Quiñones

Bajo el implacable sol de Laredo, Miguel Quiñones enfrenta mucho más que sus tareas diarias en HEB, una gran cadena regional de supermercados. Soporta horas de calor incesante del que la mayoría de las personas intenta escapar en cuestión de minutos.

Para los compradores, la caminata ardiente desde las puertas automáticas del supermercado hasta su auto es solo una incomodidad pasajera. Para Miguel, es un turno agotador de cinco a seis horas recogiendo carritos esparcidos por un enorme estacionamiento pavimentado con asfalto oscuro, con apenas un breve descanso en el aire acondicionado.

“Lo sientes venir de arriba y de abajo, reflejado en el suelo y en los vehículos”, explica. Este es un claro ejemplo del efecto de isla de calor urbana (UHI, por sus siglas en inglés), donde materiales como el asfalto y el concreto absorben y retienen el calor, elevando las temperaturas de la superficie hasta 7°F más que en las zonas circundantes (EPA, 2024).

Los estacionamientos de concreto en comunidades urbanas contribuyen significativamente al problema. El asfalto de color oscuro absorbe el calor durante todo el día y lo libera lentamente, intensificando las condiciones ya de por sí sofocantes. A medida que el calor irradia desde el suelo, Miguel siente como si estuviera atrapado entre dos fuentes de calor extremo.

Soluciones como la instalación de recubrimientos reflectantes de colores claros en los pavimentos o el uso de materiales porosos podrían ayudar a reducir el efecto de isla de calor urbana y brindar alivio a los trabajadores al aire libre.

Aunque el calor hace que recolectar y empujar una fila de carritos metálicos sea físicamente agotador, Miguel señala que también afecta su mente. “A veces se me olvidan cosas, como si ya terminé de recoger los carritos o si tengo que hacerlo otra vez”, admite, describiendo una fatiga desorientadora causada por la exposición prolongada al calor.

El agotamiento incluso afecta su vida social, ya que muchas veces se siente demasiado cansado para salir con amigos después del trabajo. “Estar en el calor definitivamente te acorta la paciencia”, comenta, ilustrando la frustración e irritabilidad que conlleva soportar condiciones tan extremas.

La situación de Miguel es un recordatorio contundente de los desafíos que enfrentan los trabajadores al aire libre, quienes a menudo carecen de protección adecuada frente al aumento de las temperaturas. Las ciudades deben replantear sus modelos tradicionales de planificación urbana e incorporar superficies que reflejen el calor y más sombra proveniente de árboles nativos para combatir el creciente efecto de isla de calor urbana y ayudar a reducir las temperaturas del suelo, beneficiando no solo a quienes trabajan bajo el sol, sino a toda la comunidad (Kumar et al., 2024; Qingjuan et al., 2022).

Al finalizar su turno, Miguel aún siente los efectos persistentes del calor. “Tienes que prepararte para lo peor”, dice, una realidad para muchos en Laredo que enfrentan temperaturas extremas a diario. Su experiencia resalta la urgente necesidad de cambios en la infraestructura y planificación urbana de Laredo.

HISTORIA #7 - La fauna silvestre sufre el calor del sur de Texas: una experta local lanza una advertencia

Bianca Brewster

Bianca Brewster, directora del Centro de Ciencias Ambientales Lamar Bruni Vergara en Laredo College, ha dedicado más de 15 años al cuidado de la fauna local, especialmente de las aves nativas. Para ella, los efectos del cambio climático en el sur de Texas son inconfundibles.

“Las aves son indicadores ambientales; suelen ser las primeras en morir cuando algo anda mal en el medio ambiente. Cada vez más de las aves que recibo llegan deshidratadas o hambrientas.”

Los cambios locales en temperatura y precipitaciones —exacerbados por el cambio climático— han alterado las fuentes de alimento y agua para las aves. Esto afecta especialmente a las especies migratorias que dependen de recursos estacionales como plantas e insectos para su reproducción.

“El cambio en las temperaturas puede afectar el momento en que florecen las plantas y el periodo de aparición de los insectos”, explica Bianca, lo que lleva a una escasez de alimento para los animales que dependen de estos ciclos. Las sequías prolongadas y los cambios en los patrones de lluvia reducen los hábitats acuáticos, contribuyendo a una mayor mortalidad de aves durante olas de calor extremas (Pecl et al., 2017; Albright et al., 2010).

El trabajo de Bianca incluye exhibiciones de flora y fauna nativa local para educar a la comunidad sobre las especies del área. Ella anima al público a apoyar a la fauna silvestre durante las temporadas secas. “Hago publicaciones en Facebook para motivar a las personas a poner agua para las aves y otros animales”, comenta.

Los periodos secos en Laredo empeoran durante los ciclos de El Niño, que intensifican las sequías y olas de calor en muchas regiones, incluida América del Norte. El ciclo ENSO —que comprende tanto El Niño como La Niña— provoca cambios en el clima global. Por ejemplo, El Niño genera condiciones más cálidas y secas debido a cambios en las temperaturas del Océano Pacífico (Cai et al., 2014), mientras que La Niña intensifica la sequía en el suroeste de EE.UU. (Trenberth et al., 1998). Estas alteraciones degradan los ecosistemas, reducen la cobertura vegetal y amenazan la supervivencia de especies sensibles al calor.

Bianca expresa su frustración por lo difícil que es comunicar los problemas climáticos al público. “Esto va a afectar a todos, no solo a la fauna silvestre”, insiste. “La gente, si no lo ve, no le importa, porque no lo está viendo.”

Recuerda su tiempo en la Comisión de Calidad Ambiental de Texas (TCEQ), donde aprendió cuán difícil era generar conciencia pública sobre contaminantes que calientan el planeta pero que son invisibles, como el dióxido de carbono (CO₂) y el metano.

A diferencia de los contaminantes visibles, los gases de efecto invernadero no se pueden ver sin tecnología especializada, lo que limita la comprensión pública sobre su impacto atmosférico. El satélite OCO-2 de la NASA, que monitorea los niveles de CO₂ a nivel mundial, ayuda a cerrar esta brecha al proporcionar datos sobre las concentraciones de gases de efecto invernadero (NASA, 2021).

Bianca espera que visualizar estos contaminantes genere mayor preocupación: “Hablamos de ellos, pero como no los vemos, no les damos tanta importancia.” Esto es especialmente relevante en regiones como el sur de Texas, donde la naturaleza invisible de estos gases dificulta que las comunidades conecten el calor y la sequía locales con estas emisiones invisibles.

En el Centro de Ciencias Ambientales LBV, Bianca se enfoca en educar a niños a través de interacciones directas con animales. “La fauna silvestre vive con nosotros”, dice, enfatizando la necesidad de coexistir con las especies locales. Su filosofía sostiene que la presencia de la fauna es esencial para un ecosistema sostenible y no una invasión. Bianca cree en inspirar la conservación fomentando la empatía hacia el medio ambiente y la vida silvestre. “Todo lo que se necesita es educación, iniciativa y seguir adelante”, dice con optimismo.

HISTORIA #6 - Enfrentando el óxido de etileno y la injusticia climática: un diagnóstico de linfoma para Francisco Xavier Ortiz

Francisco Xavier Ortiz, padre de tres hijos, está luchando contra un linfoma, un diagnóstico reciente que él cree está relacionado con la exposición prolongada al óxido de etileno (EtO), emitido por una planta de esterilización comercial cercana.

Este gas carcinógeno es liberado al aire por Midwest Sterilization Corp., ubicada cerca de su hogar a lo largo del corredor industrial de Mines Road, en el noroeste de Laredo. La EPA clasificó el EtO como un carcinógeno humano, con estudios que vinculan incluso la inhalación mínima a lo largo del tiempo con un mayor riesgo de cáncer, incluyendo leucemia, linfoma y cáncer de mama (2016). El EtO es extremadamente tóxico en pequeñas cantidades y se utiliza para esterilizar equipo médico.

“Los primeros síntomas que experimenté fueron pérdida de peso, sudoración excesiva por las noches, deshidratación y calambres”, recuerda Francisco. Su condición eventualmente empeoró, provocándole anemia severa. Después de múltiples exámenes, recibió el diagnóstico de linfoma. Debido a su enfermedad, Francisco ya no puede trabajar, lo que ha generado una gran presión financiera. “No trabajar trae problemas económicos y genera estrés”, explica, añadiendo que su incapacidad para mudarse agrava aún más sus dificultades. “El doctor me recomendó mudarme, pero no he trabajado en cuatro meses, y me cuesta mucho conseguir el dinero para la renta y el depósito.”

La situación de Francisco refleja los riesgos para la salud asociados con la exposición prolongada a la contaminación del aire. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) ha clasificado la contaminación del aire exterior como una de las principales causas ambientales de cáncer, mientras que estudios han demostrado el vínculo entre la exposición a partículas finas y el cáncer de pulmón (Coleman et al., 2020).

Más allá de su propio diagnóstico, a Francisco le preocupa la salud de su comunidad. “El vecino de enfrente también tiene cáncer, aunque en su caso es cáncer de próstata”, comenta. “Hace falta más información, y necesitamos que nos informen con más claridad.”

La familia Ortiz vive en una zona fuertemente afectada por emisiones de EtO, y Francisco señala que esta contaminación está relacionada con una “crisis climática” y consecuencias graves para la salud. El EtO, derivado de la extracción de combustibles fósiles mediante fracturación hidráulica (fracking), ejemplifica cómo los procesos petroquímicos pueden impactar tanto al clima como a la salud humana. Instalaciones como Midwest en Laredo no solo liberan EtO al aire local, sino que también contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el planeta y empeoran la contaminación en comunidades como Laredo, que ya son vulnerables a riesgos para la salud.

El impacto físico de la enfermedad de Francisco es profundo. Lucha contra los efectos secundarios de la quimioterapia, y dice: “No puedo salir durante las horas de sol. Si tengo que hacer algo, lo hago temprano, especialmente por la quimioterapia.” El tratamiento debilita su sistema inmunológico, dejándolo vulnerable incluso ante enfermedades menores. “Si tú tienes un resfriado, te puedes recuperar. Pero para mí, sin defensas, con el sistema inmunológico muy debilitado, por un simple resfriado tendría que ir al hospital”, explica.

La lucha de Francisco también es una lucha de concientización. Espera que se implementen mejores controles de contaminación y una mayor educación comunitaria para proteger a otras personas de riesgos similares. A pesar de sus desafíos de salud, Francisco se mantiene motivado por sus hijos: “La vida continúa, y si no estoy con ellos, no hay manera de poder apoyarlos.”

HISTORIA #5 - La esperanza florece: enfrentando la crisis climática en una granja urbana de Laredo

Jose Luis Moreno

José Luis Moreno es el director ejecutivo del Centro de Agricultura Urbana y Sostenibilidad de Laredo (LCUAS, por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro dedicada a la creación de un sistema alimentario urbano que aumente el acceso a alimentos locales y frescos para ciudadanos de bajos ingresos y la comunidad en general.

Cada día, José Luis es testigo del impacto que el cambio climático está teniendo en sus cultivos y jardines de demostración ubicados en la calle Chihuahua, en el corazón de Laredo. Durante el verano, hileras de tomates, chiles, calabacitas, calabaza, berenjena y quimbombó plantadas en la granja de la Casa Canseco de LCUAS luchan por sobrevivir bajo el sol abrasador.

José Luis debe planificar cuidadosamente los horarios de riego y de trabajo voluntario según las condiciones de calor. Los voluntarios trabajan en el jardín de 8:30 a.m. a más tardar al mediodía. Incluso el popular huerto de calabazas que se celebra a finales de octubre y que atrae a cientos de familias, debe abrir después de las 6:30 p.m., cuando el sol se oculta, debido al calor persistente de fin de temporada.

La granja de demostración de la Casa Canseco promueve prácticas de agricultura sostenible. José Luis busca fortalecer la relación entre la comunidad de Laredo y la naturaleza, y enseñar a más personas cómo cultivar sus propios alimentos.

“Todo es parte del ecosistema y en la medida en que cada uno de nosotros lo respete, será un mundo más hermoso y un mundo mejor”, afirma José Luis, quien siente una gran pasión por enseñar a las personas a sembrar cultivos y cuidar el suelo.

A medida que el cambio climático genera patrones climáticos impredecibles, una ocasión que impactó gravemente a la granja urbana de José Luis fue la tormenta invernal Uri, que cobró la vida de 700 personas en Texas en 2021. “La mitad del jardín murió”, relató. Ese fue un punto de inflexión para él; se dio cuenta de que tenía que aprender a adaptarse.

El uso estratégico del agua dulce, vital para la agricultura, se ha vuelto esencial para José Luis. LCUAS ha implementado técnicas de riego por goteo que permiten una distribución más eficiente del agua, minimizando las pérdidas por evaporación hasta en un 90% (Wilson & Bauer, 2014). José Luis menciona que “no se trata de usar más agua, sino de usarla inteligentemente”.

Pero el riego por goteo no es suficiente para mantener vivos los frutos y vegetales en Laredo. En los meses más calurosos, los voluntarios de LCUAS deben regar a mano tres veces por semana porque el sistema de riego inteligente no logra suministrar la cantidad de agua necesaria a las plantas.

Si bien el calor representa una gran amenaza para los jardines de Laredo, el aumento de temperaturas en otras regiones podría reducir hasta en un 40% el crecimiento de cultivos en Estados Unidos (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos [USDA], s.f.). A medida que el cambio climático se intensifica, adaptarse con éxito podría volverse casi imposible. Como señala José Luis, “las estadísticas lo dicen, no son las mismas temperaturas que hace 20, 30, 40 años. Cada año va empeorando”.

En los últimos 130 años, las temperaturas globales promedio han aumentado entre 0.3°C y 0.7°C (0.6°F a 1.2°F), con aumentos futuros previstos de 0.2°C (0.4°F) por década (Bhattacharya, 2019).

Los niños son fundamentales para la vida del jardín. José Luis comenta: “Trabajo mucho con niños en el jardín y me gusta pensar que cada niño que viene aquí a trabajar o a aprender algo es un productor potencial de alimentos”. A través de la enseñanza directa y la participación activa, los niños no solo aprenden sobre agricultura, sino también sobre la importancia de cuidar la tierra. José Luis les enseña que “los verdaderos superhéroes son los agricultores que cuidan la tierra”.

José Luis invita a la comunidad a reconectarse con la naturaleza sin dejar que el calor sea un impedimento y enfatiza el impacto que pueden tener nuestras acciones de hoy en las generaciones futuras.

El cambio climático amenaza el acceso a los alimentos, haciendo imposible que los agricultores se adapten con la rapidez necesaria ante el acelerado calentamiento del planeta (Niranjan, 2025). La inseguridad alimentaria y la vulnerabilidad son evidentes en regiones como el sur de Texas, donde los períodos de sequía y las temperaturas extremas han afectado al ganado y las cosechas, impactando directamente el aumento constante en el precio de los alimentos (Carver, 2023).

Para crear un futuro sostenible, José Luis enfatiza que cada persona debe comenzar a cambiar sus hábitos y tomar decisiones más conscientes con el medio ambiente. El futuro de nuestro planeta depende de cómo cuidemos y valoremos la tierra y los recursos que hoy nos ofrece.

HISTORIA #4 - Resiliencia bajo un techo colapsado: la lucha de una madre contra el calor en el pueblo de El Cenizo

Jane Doe

Con un pasado difícil marcado por la pobreza, condiciones de vida precarias y problemas familiares complejos, una madre de El Cenizo ha sumado las preocupaciones del cambio climático como otro factor de estrés en su vida diaria.

El Cenizo, una antigua colonia, se encuentra a orillas del río Bravo, en el sur del condado de Webb. Cerca de 2,300 personas viven en esta pequeña ciudad, y aproximadamente el 30% vive en situación de pobreza, más del doble del promedio estatal.

A pesar de las condiciones de vida que muchos en Estados Unidos calificarían como deplorables, esta madre de El Cenizo se mostró agradecida durante toda la entrevista al recordar su anterior casa rodante, que estaba en peor estado. Esto resalta la realidad de muchas personas como ella que viven en la frontera y nunca han experimentado condiciones de vivienda adecuadas.

Deseando permanecer en el anonimato debido a una separación conflictiva de su pareja, teme las represalias de violencia doméstica por hablar sobre las condiciones de su hogar. Compró su casa directamente al propietario para evitar problemas con bienes raíces y bancos, pero pronto surgieron otros problemas.

El material utilizado para construir la base de la casa comenzó a desmoronarse bajo el calor intenso, incluyendo el techo. “El calor era tan fuerte que el químico que debí haber usado no funcionó, así que fue un gasto inútil, y eso provocó las mismas filtraciones. Además, por la lluvia, las paredes se penetran, especialmente donde están los cimientos junto a las banquetas, y se me inunda el sótano.” Eventualmente, el material ya no resistió, y su techo colapsó.

A pesar de vivir en la propiedad desde hace seis años, el futuro de la casa aún parece incierto, ya que las altas temperaturas y las lluvias repentinas arruinan cualquier avance logrado. Esta es una tormenta perfecta para quienes enfrentan dificultades económicas y no pueden financiar o invertir en techos resistentes al calor (Vellingiri et al., 2020). Es normal que los edificios y las viviendas se deterioren con el tiempo; sin embargo, si no se atienden, la velocidad del desgaste aumenta rápidamente (Phillipson et al., 2016).

Los materiales de construcción y los procesos constructivos continúan evolucionando con nuevas tecnologías, pero los cambios climáticos impredecibles han creado nuevos desafíos para ingenieros y arquitectos que deben adaptarse para diseñar viviendas más resistentes y cómodas para la vida en interiores. Sin embargo, la tecnología más reciente y los materiales innovadores suelen ser costosos. Los materiales de baja calidad utilizados en viviendas de bajo costo generan hogares menos resistentes y con menor vida útil.

La madre de El Cenizo se mantiene firme en su determinación de buscar un futuro mejor, alejándose de su ciudad natal y brindando a sus hijos una vida más digna. Tiene la esperanza de que, al final, sus esfuerzos habrán valido la pena.

Su sonrisa constante durante la entrevista y su cálida personalidad son prueba de que las personas son resilientes y seguirán luchando por un futuro mejor. “Siempre hay que tener ese deseo de que vas a mejorar y que lo vas a lograr, que no siempre será tan fácil, que siempre tendremos situaciones difíciles, pero que si lo quieres, tarde o temprano lo vas a lograr”, afirmó, a pesar de las condiciones de vida inestables de su familia.

HISTORIA #3 - Metal ardiente: la supervivencia de un mecánico en un ambiente abrasador

Joel Salazar

Joel Salazar, un mecánico de 21 años que trabaja en una agencia GMC en Laredo, describió lo que significa ser mecánico automotriz bajo condiciones extremas de calor. En una jornada laboral normal, Joel pasa horas diagnosticando problemas de motor, reemplazando piezas y realizando mantenimiento rutinario a vehículos. Mecánicos como Joel suelen reparar y dar servicio a los automóviles bajo calor intenso en edificios con poca ventilación. “Sentimos el calor un poco más, especialmente en un almacén cerrado donde solo hay metal a nuestro alrededor”, explica Joel.

Durante el verano, las temperaturas en el almacén metálico se disparan, haciendo que se sienta aún más caliente que la temperatura exterior, afectando no solo las condiciones laborales, sino también las herramientas y equipos. Los metales presentan distintas propiedades de aislamiento térmico debido a su conductividad térmica, lo que afecta la rapidez con la que absorben y transmiten calor. Cuando las herramientas metálicas, que absorben mucho calor, están expuestas al calor por períodos prolongados, los mecánicos corren el riesgo de quemarse al usarlas. Esto es particularmente peligroso en espacios al aire libre o con mala ventilación, ya que las herramientas se vuelven demasiado calientes para manipularlas sin equipo de protección (Li et al., 2020). Joel y sus compañeros deben estar constantemente alertas para proteger sus sentidos del calor que absorben las herramientas de metal. Un pequeño ventilador doméstico, su única fuente de enfriamiento, ofrece poco alivio. “Podría estar a 70°, pero como estamos en un almacén pequeño que puede llegar hasta los 80°, se siente como si estuviera a 90°”, añade Joel.

El calor afecta gravemente a los trabajadores, especialmente a aquellos con condiciones médicas preexistentes. Un compañero de Joel, que sufre de asma, enfrenta grandes dificultades. “Mi compañero que tiene asma a veces batalla bastante para respirar porque el calor se encierra y se pone muy pesado”, comenta Joel.

La exposición a químicos como la gasolina y el aceite de motor en un ambiente caluroso agrava aún más los problemas respiratorios. La exposición prolongada a estos compuestos orgánicos volátiles (COV) empeora las afecciones respiratorias, y durante el calor extremo, la inhalación de estos contaminantes se intensifica debido al aumento en la frecuencia respiratoria (EPA, 2023; Antonelli et al., 2020).

A pesar de las condiciones difíciles, Joel continúa trabajando por necesidad económica. “Necesitamos el ingreso; mi familia está pasando por momentos difíciles”, admite. El trabajo está bien pagado, lo que le ayuda a apoyar a su familia, pero las largas horas y la carga laboral en aumento están afectando su salud.

Su jornada laboral suele consistir en turnos de 10 horas, y como no hay pausas establecidas, Joel y sus compañeros eligen estratégicamente su hora de comida durante el pico de calor para refrescarse y prepararse para el resto del día. Aunque 40 horas por semana es lo estándar, durante el verano la carga de trabajo se incrementa y se generan muchas horas extra. “Es un buen trabajo en cuanto a ingreso, pero en cuanto a salud, no creo que sea bueno quedarme aquí por los próximos dos o tres años”, reflexiona Joel después de solo seis meses en el trabajo.

La experiencia de Joel refleja un problema más amplio en Laredo, donde los veranos son cada vez más calurosos debido al cambio climático. Él espera que se implementen regulaciones más estrictas para proteger a los trabajadores expuestos al calor extremo. “He trabajado en otros lugares; no hay muchas regulaciones... en cuanto a los trabajadores que están afuera bajo el calor”, señala Joel.

Los trabajadores al aire libre suelen soportar lo peor del calor extremo diario e incluyen mecánicos, cuadrillas de jardinería, obreros de la construcción, empleados de ferreterías, repartidores y empleados de comida rápida que toman órdenes afuera, como en Chick-fil-A.

Una nota periodística del Laredo Morning Times publicada en 2023 menciona que dueños y gerentes de ferreterías tuvieron que replantear estrategias para sus empleados cuando las temperaturas alcanzaron cifras récord ese verano, resultando en 15 muertes relacionadas con el calor en el condado de Webb. Algunos empleadores ofrecen agua, paletas de electrolitos, uniformes de tela ligera, múltiples pausas, y mantienen ventiladores encendidos todo el día para combatir estas condiciones. Otros ofrecen poco o ningún alivio para sus empleados.

Según el Programa de Investigación sobre el Cambio Global de EE.UU., se espera que la frecuencia e intensidad de las olas de calor aumenten a medida que el cambio climático empeore (U.S. Global Change Research Program, 2018). Joel observa una realidad dura para los trabajadores al aire libre en Laredo: “El calor no se va a ir... así que se trata de prepararse para él”.

HISTORIA #2 - Cómo la pobreza y el calor destruyeron un hogar: el desconcertante caso de Patricia Limas

Patricia Limas pasó 10 años y ahorros ganados con esfuerzo para convertir su casa en un hogar, solo para despedirse de ella debido a su rápido deterioro causado por el calor implacable.

A algunas personas les encantan los días lluviosos; disfrutan del olor a tierra mojada y de ver las gotas caer en sus ventanas, pero para Patricia, los días de lluvia solo traían preocupación. “Cuando llovía afuera, veía que las paredes eran delgadas y húmedas, como si fueran de papel”, dijo.

La casa de Patricia, con más de setenta años de antigüedad, está ubicada en un vecindario de bajos recursos en el centro de Laredo y está rodeada de viviendas envejecidas. La mayoría de sus vecinos no tienen los medios económicos para reparar grietas o paredes desconchadas. La pobreza afecta a casi el 20% de la población de Laredo, lo que convierte las reparaciones del hogar en una lucha, o incluso en un lujo, para muchas personas. La desigualdad estructural en el vecindario de Patricia es un recordatorio visible del abandono persistente por parte de funcionarios gubernamentales y propietarios. Los residentes en apuros suelen cargar solos con esta carga, lo cual puede afectar su seguridad, salud y bienestar mental.

En el momento de la compra, Patricia no notó ningún problema visible en la casa. A medida que aumentó su comunicación con el propietario, se convenció de que había elegido una vivienda de buena calidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, se dio cuenta de que algo andaba mal. Los problemas se reparaban solo superficialmente y pronto comprendió que las grietas en las paredes contaban otra historia sobre el verdadero estado de su hogar.

“Las paredes eran de ladrillo y cemento, con una capa de cemento tanto por dentro como por fuera. De hecho, la capa que se estaba desprendiendo era bastante gruesa —como de unas cuatro pulgadas de espesor por ambos lados, además del ladrillo”, relató. Poco después, un calor inmenso invadió su casa, un calor tan intenso que ni siquiera los dos aires acondicionados de ventana podían contrarrestarlo. Lo que Patricia alguna vez creyó que era un hogar agradable pronto se convirtió en una pesadilla inhabitable.

Construida completamente de concreto y ladrillo —materiales poco comunes en la construcción residencial de Estados Unidos—, las condiciones de la casa eran impredecibles. Las paredes de concreto tienen una alta masa térmica y liberan el calor absorbido durante el día incluso durante la noche (Amos-Abanyie et al., 2023). También retienen mucha humedad y son más adecuadas para climas fríos; justo lo opuesto al clima de Laredo.

Para contrarrestar la absorción de calor en casas hechas de concreto, los árboles o dispositivos de sombreado pueden bloquear la luz solar directa y ayudar a enfriar el ambiente interior. Sombrar eficazmente las superficies orientadas al este y oeste es de suma importancia para las viviendas en regiones de baja latitud y climas cálidos como el de Laredo (Building America Solution Center, 2023). Sin embargo, no hay árboles ni divisiones que protejan la casa de Patricia del sol.

A través de un proceso desconcertante que se desplegó ante sus propios ojos, el material de las paredes comenzó a desintegrarse, volviéndose como polvo, creando agujeros visibles que empujaban hacia afuera, dando la ilusión de que vivía al aire libre. La humedad de las paredes solo aceleró el proceso, generando un olor a moho en todo el lugar.

El empeoramiento de las condiciones obligó a Patricia y a su hija a habitar solo una recámara, ya que el techo comenzaba a colapsar. “Caminaba por la casa, revisando constantemente que nada fuera a caer o que la casa no se derrumbara sobre mi hija y sobre mí”.

Los problemas de salud no tardaron en aparecer. Patricia y su hija comenzaron a experimentar síntomas parecidos a los de la gripe —tos, dificultad para respirar, fatiga y dolores de cabeza constantes. “Todas las noches estábamos enfermas; tosiendo, sentíamos como si tuviéramos gripe”, afirmó Patricia. Estudios muestran que la humedad está vinculada a enfermedades respiratorias como hipersensibilidad, neumonía y rinosinusitis (Choi et al., 2020; CDC, 2012).

El calor extremo causa aproximadamente 1,400 muertes adicionales al año en Estados Unidos (CDC, 2024; Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre [NIH], 2022). Las enfermedades relacionadas con el calor son causadas por pasar muchas horas al aire libre o por vivir en viviendas que superan los 90°F. La exposición prolongada a temperaturas interiores de 90°F, combinada con alta humedad, puede causar estrés térmico o malestar (LaNore, 2021; Sistema Nacional Integrado de Información sobre Salud y Calor [NIHHIS]). Sin sombra adecuada, ventilación ni sistemas de enfriamiento, residentes como Patricia viven en condiciones difíciles e inseguras.

El deterioro de la casa, según ella, ocurrió tan rápidamente que fue imposible para Patricia pagar las reparaciones, ya que vivía de cheque en cheque. No le quedó más remedio que abandonar su hogar. En un momento, incluso pensó que una pared podía caerle encima. Esta madre y su hija se sintieron aisladas durante toda su experiencia, y recibieron ayuda mínima tanto de la ciudad como del propietario.

Patricia reconoce que su prioridad ahora es encontrar una nueva casa que ofrezca sombra natural para proteger las paredes de su vivienda y reducir los costos de electricidad manteniéndola más fresca. Al igual que la historia de Patricia, muchas familias empobrecidas de Laredo se ven afectadas por la falta de sombra y el calor cada vez más intenso. Sufren en silencio, mientras sus casas ya no pueden llamarse hogar.

HISTORIA #1 - De la masa al colapso: Cómo el calor está transformando el negocio familiar de tamales

Lidia Torres, dueña de un negocio familiar de tamales en el sur de Laredo, enfrenta las consecuencias del calor cada vez más intenso, el cual la ha afectado mental, emocional y físicamente. Lidia lucha por adaptarse a temperaturas que suben más cada año. El concreto que rodea su negocio en casa amplifica el efecto del calor. Cada vez son más los días que superan los 100°F.

“El clima ha cambiado”, dice, con una voz teñida de nostalgia y preocupación. “Las temperaturas que antes llegaban en julio ahora nos golpean en abril”.

Los tamales tienen una rica historia cultural en el vecino país de México. Vienen en una amplia variedad de sabores e incluso colores, y se compran por docena. Lo que hace a este platillo tan atractivo es su gran diversidad de mezclas llenas de sabor. Guisos personalizados hechos con chiles y pollo, carne de res, puerco, queso, frijoles o incluso rellenos dulces se colocan sobre masa de maíz extendida en hojas de maíz suavizadas. Los tamales están asociados con celebraciones indígenas y cristianas como el Día de los Muertos y la Navidad. Aunque son más populares en invierno, hoy en día se consumen durante todo el año. Hacer tamales no es tarea fácil; implica numerosos pasos y requiere largas horas de amasado, hervido y cocción al vapor para lograr que la hoja, la masa y el relleno estén en su punto.

Los días más calurosos en Laredo han obligado a Lidia a cambiar sus prácticas comerciales y adaptarse al calor. Se despierta a las tres de la mañana para evitar las altas temperaturas en su cocina y constantemente teme que el calor afecte tanto su salud como la calidad de sus productos.

“Espero no llegar nunca al punto de cerrar el negocio porque los tamales se estén echando a perder”, dice. El calor puede acelerar el crecimiento bacteriano en alimentos perecederos, acortar su vida útil e incrementar el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. indica que temperaturas por encima de 90°F aumentan rápidamente la descomposición de los alimentos. Esto es especialmente crítico en entornos como la cocina de Lidia, que está al aire libre o con control mínimo. Las temperaturas extremas están afectando las economías locales, siendo los negocios de alimentos de los más perjudicados por los mayores costos en refrigeración, prevención de pérdidas y menor afluencia de clientes (James & James, 2010).

Durante los meses más calurosos, la demanda del consumidor cambia, afectando las ventas de alimentos calientes como los tamales, que disminuyen durante las temperaturas pico. Lidia ha reducido su horario de operación, cerrando a las 3 p.m. en lugar de las 5 p.m. La disminución en las ventas afecta sus ingresos y el sustento de su familia. El calor no solo ha afectado su negocio, también ha comenzado a afectarla físicamente. Por ejemplo, se cambia de ropa varias veces al día. El sudor se adhiere a su piel como una segunda capa. “Es pegajoso”, ríe, describiendo la sensación como si estuviera cubierta de miel. Cuando termina su trabajo por la tarde, regresa a casa sin energía y muy cansada. “Ahora llego a casa y no quiero nada más que acostarme y descansar”.

Este agotamiento es más que físico; es emocional. Extraña los días en los que podía jugar con sus hijas después del trabajo, pero ahora está demasiado fatigada. Las personas expuestas a calor extremo o que trabajan en ambientes calurosos pueden experimentar estrés térmico laboral, una combinación de calor metabólico y ambiental (Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional [CDC], 2024).

La historia de Lidia es un testimonio de los efectos ocultos del cambio climático en los pequeños negocios. Su historia es como el canario en la mina; nos advierte sobre las posibles implicaciones más amplias del cambio climático para otros pequeños empresarios y familias en todas partes. El futuro de nuestras economías locales, nuestras tradiciones y nuestras comunidades depende de las acciones que tomemos hoy.

STORY #9 -Burning until It Wilts: Extreme Heat Endearing Local Plant Nursery

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Teresa Esquenazi, a longtime employee of Jungle Jack Nursery, a hidden gem nestled in the rural area of Zapata Country, near Ramierño, TX, just off Highway 83 has experienced first-hand the struggles caused by heat increase in plants. This plant nursery is in a flat and semi-arid area with long, warm summers and mild winters, classic South Texas landscape. The challenges of sustaining the nursery now depend on their adaptability; which for a business means increase of expenses, such as shading devices and water usage. “As the weather got hotter, we started building roofs because everything was burning... The business had to create storage areas... The gloves were melting... The whiteboard that we use to keep track of the potted plants gets replaced regularly... Even my phone overheats; everything gets ruined... even being in the shade!” she describes.

The once-thriving plants now become orange or yellow in the blazing heat. The change of color in the plants is a reflection of their deterioration as the thermal condition disrupts photosynthesis. Photosynthesis is the process by which plants convert sunlight into energy. It is an essential process since it could be impossible for a plant to derive energy from the sun without it. When exposed to heat stress, typically between 10-15°C and above the optimal range, the plant cell organelles become damaged. The formation of brown or yellow colored leaves in the plants is a consequence of oxidative stress and this stress further interrupts the normal processes of photosynthesis. Leading to the withered and death of plant tissues under the oppressive heat (Wang et al.,2018). “Nobody wants to buy a plant that is another color than green. That is the damage that excessive heat does,” she mentioned.

To protect the plants from the blazing sun, a significant investment of time, effort, and materials burdens, the business as well as its workers, like Teresa, needs to take stricter measures to protect the plants. Teresa remembers last year’s temperatures reaching 111°F (44°C), “Last year was hotter, and we expect the beginning of summer earlier,” she notes. One of the needed measures was the increase in water intake due to higher evaporation. Higher temperatures cause more significant water loss in plants due to soil evaporation and increased transpiration.  

Heat and drought together cause increased stress and water loss, which negatively influences plant development and the quality of crops (Cui et al., 2022). But even with consistent water supply, the soil dried up too quickly, which makes it challenging for the roots to absorb enough moisture.

One noteworthy plant at Jungle Jack Nursery, is the Plumeria rubra which is commonly referred to as the “Karma Plant” at this local plant nursery. This deciduous plant species, known for its sweet, floral aroma and vibrant color palette ranging from pinks, red, and white represent resilience. The withering condition of the plant serves as a stark reminder of the harsh reality of climate change. The juxtaposition of how the plant’s natural ability to adapt to harsher heat intake was its strongest suit, now the heat is the reason behind its inability to survive.

Not only do the plants wilt, but the gardeners do as well. "You do not perform as well; you arrive very tired from work. Even if you are hydrated, you get overwhelmed by the sun.” Prolonged exposure to extreme heat can cause severe damage to the physical condition, especially at the time of extreme heat waves. Long stretches of hot weather can result in physical conditions such as heat stroke and exhaustion and even trigger the exacerbation of chronic diseases like heart problems, diabetes, and respiratory disorders. The pressure on the organs, especially the heart and kidneys, due to the failure of the thermoregulatory mechanisms results in attack and death due to illnesses. Alarming data indicates that between 2000 and 2019, there were about 500,000 heat-related deaths worldwide (World Health Organization, 2021). Consequently, if the temperatures continue to rise, reducing working hours will be inevitable.

For Teresa, the plants are like children, causing a profound bond to them: “It is very pleasant to see the evolution of a plant that you put in a seed, and it grows. The evolution is that it grows, and then you start to love it, and you talk to it,” she shares. Nonetheless, it is devastating to witness the plants dying from excessive heat after the care and dedication you pour into it, which is a sentiment that many farmers and gardeners could identify with.

Reflecting on the future, Teresa worries about what will happen if the heat intensifies. “The hotter the weather gets, we have to invest more. The day we can’t afford all that, the business will go bankrupt,” she warns. 

Her story emphasizes the real economic and social impacts of climate change on local businesses and people. In Texas, the lost productivity from extreme heat may reach up to $110 billion per year by 2050 without explicit adaptation measures that are equal to 2.5% of post-heat-stress economic value (Atlantic Council, 2021). 

This is particularly concerning for regions where outdoor agricultural labor is prolonged since prolonged exposure to heat stress diminishes crop yield and, at the same time, limits the worker's hours of work, which increases the economic cost.